miércoles, 12 de junio de 2013

Lodeun: un bar de mala muerte

Por: Jhon Correa Serna

Era sábado y según el calendario,  doce de mayo de 2.012, y siendo aproximadamente las diez de la noche caí en cuenta que me encontraba colgado como muchos pasajeros de un colectivo, que pertenecía a la ruta de trasportes Ramoza – Llobe, me acompañaba un amigo, habitante del sector, nos dirigíamos al bar Lodeun, ubicado en el barrio Dina Tari de Llobe, cuando subíamos por el centro comercial Ramoza, un niño se quedo mirándonos y escuche que dijo a sus amiguitos:
-¡hay marica! miren esa buseta, tiene más gente colgada de las puertas que adentro-.
Sí, era verdad, dentro del colectivo solo se encontraba un pasajero; deduje en ese momento que posiblemente se trataba de un vendedor de mazamorra por que llevaba varias canecas donde suelen trasportar esa clase de producto. Al llegar a Dina Tari nos bajamos en el estacionamiento conocido como el “cuadradero” de las busetas de Llobe.
- mi amigo dijo:  
-vamos, es por ahí-.
Señaló la ruta al norte, caminamos por un sector llamado el Mosucon, a la media cuadra nos  encontramos  con la taberna de Don Pedro, El Gongo, la cual se llena de clientes a la media noche; en busca de rumba, según mi amigo. Llegamos después de las diez a una calle muy obscura, cubierta de tierra, sin pavimentar con grandes huecos y rocas, muy similares a las calles bogotanas que nos pintan los medios de comunicación nacionales a través de imágenes. Era una noche bastante fría, el ambiente se tornaba fúnebre, esa era nuestra sensación, la mía y la de mi amigo, las fachadas de las casas reflejaban la pobreza en que viven los habitantes de esa calle, en la que nos hallábamos; lo cual dedujimos que era debido a la falta de recursos económicos, a su poca  imaginación o creatividad, estaba además casi sola, al fondo se apreciaba el morro de Dina Tari, que infundía terror con solo verlo, al avanzar en nuestro recorrido por esa calle las pocas personas del sector parecían saber nuestro destino, nos miraban fijamente, lo cual hizo que nos sintiéramos incómodos, luego de un rato, mi amigo dijo:
-parce llegamos, ese es Lodeun-.
Nos sentamos en una cera diagonal al bar al cual íbamos a rumbear, observe detalladamente el entorno en el cual nos hallábamos, y a pesar de estar acompañado me sentía tenso, a nuestro alrededor estaban algunos personajes con características algo particulares, que me provocaron inseguridad en ese momento, mi amigo al notar mi aparente susto dijo:
-relájese hermano, yo sé que ver tanto valija y calentón asara, pero conmigo no le pasa nada-.
A las  once de la noche y treinta aproximadamente, mi amigo y yo ya nos habíamos tomado un par de cervezas en las afueras del bar al que aun no entrabamos. A pesar del ambiente tan pesado que se percibía en los alrededores del Lodeun,  se notaba también la presencia de un gran número de  jóvenes que a esa  hora querían  ingresar  al sitio   en busca de esparcimiento “rumba”.
En las afueras del bar hacía mucho frío, por eso decidimos entrar definitivamente al Lodeun, pero para sorpresa de los dos,  el ambiente era muy sofocante, ya que el sitio es demasiado pequeño, lo que ayudaba a que el aire se tornara bastante caliente y se acrecentaba por el constante rose con los demás, se podía percibir el olor del cigarrillo, cenicero, vicio, alcohol y sudor, siendo más especifico olía a bar de mala muerte,  cuatro mesas viejas y destartaladas eran todo el inmobiliario con que contaba el Lodeun; usadas por todos sin repudio ni desconfianza, mire hacía la barra, ésta,  estaba llena de muchos jóvenes que solicitaban un tema en especial llamado “Ruke rake” un ritmo musical característico de la cultura  chocuana del municipio del oriente antioqueño.  
Decidí acercarme hasta la barra, dos meseros la atendían,  el dueño del bar y un joven de gorra roja, este último  me atendió con una actitud enérgica. Por un momento se me pasó por la mente escuchar las conversaciones de los clientes, noté en su acento un estilo urbano, algo similar al dialecto que promueven algunas emisoras comerciales como: “Tropicana” y “energía”, dos espacios radiales  de mucha acogida en las clases populares de barrios como Ramoza y Dina Tari.
El amigo con que me encontraba aquella noche me dijo:
-Saque pues a bailar a una pelada, las viejas de acá son las mejores cuando se trata de eso-.
Lo mire y sonreí, pero no saqué a ninguna chica en ese momento, no sé porque no lo hice.
Ciertos  personajes ubicados en la puerta del bar,  cuyo aspecto ahora que lo pienso con más calma eran demasiado intrigantes,  me miraban fijamente, sus rasgos faciales eran toscos, la ropa que usaban era cursi, para mi gusto, típica de los malandros. En medio del ruido y las cervezas que ya había consumido pensé en escribir esta crónica acerca del lugar en el transcurso de la semana, al comentarle  a una amiga que escribiría del Lodeun, ella dijo: “ese hueco, haya las personas no se respetan, casi todos son groseros y morbosos”, en parte tenía razón, pues de alguna manera yo lo había confirmado.
La Champeta y el Reggaetón son los ritmos musicales que normalmente se escuchan en el Lodeun, este género musical de alguna manera resulta ser el atractivo fuerte del lugar y atracción a la vez de muchos  jóvenes que suelen frecuentar el bar.
El baile  es todo un espectáculo, los bailarines se aprietan fuertemente y el “shoke”, un estilo particular de moverse en la pista es muy brusco, esa es la sensación que transmiten los que lo practican, por cierto, es además demasiado erótico, conclusión a la que se puede llegar después de varios minutos de apreciar esta admirable agilidad para el baile.
Luego de un receso de baile, note como algunos hombres mientras descansaban sentados en sus mesas hablaban de dinero, de mujeres y algunos hasta se atrevían y  lanzaban al aire piropos como “bebe eres lo más violable que mis ojos han visto”, y las mujeres, hablaban  de farándula y  como fue su primera vez, aquella en la que perdieron su  virginidad.
En Lodeun todas las personas son bienvenidas, hasta los ancianos, ese sábado  una pareja de abuelos se robo el show de media noche  bailando un reggaetón al estilo cumbia, lo gracioso fue que estos  estaban borrachos hasta el culo, casi acaban  tumbando las mesas, la gente no podía contenerse de sus carcajadas.
Entrada la noche, comenzando la madrugada del domingo, Lodeun continuaba llenándose, por que se convertía en un bar de remate en aquella zona de la ciudad, ya que lo demás establecimientos de diversión, cierran a las dos o tres de la madrugada, llegaban varios pillos del sector, haciendo ruido en sus motocicletas.
Por fin me anime a bailar, quise comprobar si era verdad lo que mi amigo me había dicho sobre la destreza de las mujeres a la hora moverse en la pista, tomé la mano de una de ellas y le dije:
- bailamos-
Me miró, sonrió, me llevó hasta una pared, mientras bailábamos le pregunte:
- ¿Cómo te llamas?
-Respondió, Deysi y  tú-
-Jc-
-Pregunte ¿vienes mucho?
-Respondió, Más o menos, ¿y tú?
-No, poco-
-Pregunte ¿Qué te gusta de acá?
-La música-
En la conversación que sostuve al final de la rumba con Deysi en Lodeun pude darme cuenta porque las mujeres de Ramoza - Dina Tari frecuentan tanto este bar, y es que la mayoría de  ellas se identifican  con la música que allí suena.
A las seis de la mañana Lodeun seguía aun abierto, pocas mujeres se encontraban, a estas horas de la mañana del domingo,  mientras los hombres ya ebrios y cansados comenzaban a dispersarse.
Luego de una larga noche de rumba, mi amigo y yo decidimos abandonar aquel lugar, llegué a mi casa cansado, con hambre y sueño, en la hora en que se preparaba el desayuno, pero yo al ver esta escena decidí irme a dormir, me levanté a la hora de la cena, al despertar lo primero que dije fue:

-No vuelvo a ese bar de mierda-.




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