Por:
Jhon Correa Serna
Eran
las 9:20 de la noche aproximadamente, el calendario marcaba el día 6 septiembre
del corriente año, doña Oliva de 59 años, se encontraba viendo televisión
mientras su esposo, don Juan de 63 años, se preparaba para irse a dormir, pasada
una hora, ya ambos estaban al fin descansando en la comodidad de su alcoba. Esa
noche como muchas otras no pudieron conciliar el sueño, no era por el insomnio
sino porque moraban al lado de una taberna. Ésta conocida como El Fogón,
establecimiento crossover donde aproximadamente rumbean 100 personas al ritmo
del vallenato, el reggaetón, el merengue y la electrónica.
Los
niveles de ruido en el municipio de Bello son cada día más intolerables, en
realidad, no se sabe cómo las personas logran trabajar y estudiar, en general, hacer
sus labores cotidianas y sobre todo, conciliar el sueño en las horas de la noche,
debido al alto número de locales comerciales infractores.
Las
conocidas zonas de rumba, las construcciones y el tráfico vehicular son los
principales factores de contaminación acústica en el municipio y por ende, se
considera que deberían estar aparte de los hogares, pero lastimosamente en
dicho municipio y en muchos otros sucede todo lo contrario.
Los
transgresores de las normas -establecimientos nocturnos, restaurantes, bares, fiestas
privadas, congregaciones de personas y estancos-, se olvidan de que conviven
con familias, donde en muchas de ellas se encuentran personas enfermas,
discapacitadas, mayores de edad y en general, seres humanos que necesitan dormir
y descansar en las noches como supuestamente debería ser.
No obstante, el desarrollo en las grandes ciudades hace que ineluctablemente sea cada día más frecuente que en una misma zona se apruebe el uso del territorio para diferentes actividades, donde lo residencial se mezcla con lo comercial, por eso, se podría decir que lo que ocurre con la familia de doña Oliva, que vive al lado de un bar es totalmente legal, como lo que pasa con muchas otras familias y organizaciones.
Independiente de quien haya llegado primero. Bares, familias y organizaciones pueden estar uno al lado del otro, eso es lo que en la contemporaneidad permite la ley.
No obstante, el desarrollo en las grandes ciudades hace que ineluctablemente sea cada día más frecuente que en una misma zona se apruebe el uso del territorio para diferentes actividades, donde lo residencial se mezcla con lo comercial, por eso, se podría decir que lo que ocurre con la familia de doña Oliva, que vive al lado de un bar es totalmente legal, como lo que pasa con muchas otras familias y organizaciones.
Independiente de quien haya llegado primero. Bares, familias y organizaciones pueden estar uno al lado del otro, eso es lo que en la contemporaneidad permite la ley.
Armando
lozano, director de Norma Urbana de la ciudad de Bogotá dice: “un bar puede
convivir al lado de una familia siempre y cuando cumpla con las normas del
ruido”, además, asegura que éstos pueden estar en cualquier zona, ya que esa
actividad es un fenómeno propio del urbanismo del mundo, sin embargo, la mayoría
de bares de nuestro municipio incumplen las normas y es tan insípida para ellos
que algunos se atreven a sacar y colgar bafles en sus fachadas.
Es importante
que las víctimas de dicha vulneración, sepan que existen unos parámetros legales en el país que
aparentemente los protege de la indiferencia, dicha ley es la siguiente, según la resolución 627 de 2007, el horario diurno es:
7:01 a.m. a 9:00 p.m. y el nocturno es de 9:01 p.m. a 7:00 a.m. para regular el ruido, las ciudades tienen
cuatro tipos de sectores, en los que se manejan diferentes decibeles, -unidad
de referencia para medir la potencia de una señal o la intensidad de un sonido,
según la Universidad Nacional de la Plata-.
El sector A -tranquilidad y
silencio- lo componen hospitales, bibliotecas, guarderías, hogares geriátricos.
En éste son permitidos hasta 55 decibeles día y 50 de noche, éstos asemejan al
ruido normal de una casa por las conversaciones, el paso de los vehículos y el
uso de los electrodomésticos, algo a resaltar es que si alguno de estos ruidos
es incomodo al oído ya puede estar superando el nivel máximo permitido por la
ley.
El sector B -tranquilidad y ruido
moderado- lo conforman residencias, unidades de apartamentos, hoteles, colegios
y universidades con 65 decibeles día –equivalente al sonido de una aspirador- y
55 de noche.
El sector C -ruido intermedio
restringido- incluye cuatro subniveles, el primero incluye zonas con usos
permitidos industriales, como industrias en general, zonas portuarias, parques
industriales, zonas francas y es legal 75 decibeles tanto de día como de noche.
Dicho ruido es equivalente al sonido de una pulidora.
El segundo subgrupo son las zonas
con usos permitidos comerciales, como centros comerciales, almacenes, locales o
instalaciones de tipo comercial, talleres de mecánica automotriz e industrial,
centros deportivos y recreativos, gimnasios, restaurantes, bares, tabernas,
discotecas, bingos, casinos, este grupo tiene permitido 70 decibeles de día y
60 de noche.
El tercer subgrupo comprende zonas
con usos permitidos de oficinas e instituciones, de día pueden emitir 65
decibeles igual que en la noche. Y el cuarto comprende zonas con otros usos relacionados, como parques
mecánicos al aire libre, áreas destinadas a espectáculos públicos al aire libre,
tienen permitido 80 decibeles de día y 75 de noche.
Por último el sector D -zona
suburbana o rural de tranquilidad y ruido moderado- lo componen zonas
residenciales suburbanas, zona rural y reservas naturales así como parques
naturales con 55 decibeles día y 50 de noche.
Según la Secretaría Distrital de
Ambiente, el ruido es uno de los impactos ambientales que más afecta a la
ciudadanía de manera directa, generando problemas auditivos y extra auditivos,
algunos de éstos son: el estrés, la pérdida del sueño, la ansiedad, la
depresión, conductas agresivas o cambios de comportamiento, baja productividad
entre otros.
Dichas problemáticas no están directamente relacionadas con la perdida de la audición sino con la alteración de la tranquilidad y el bienestar social de la población, por esto, es de suma importancia que los infractores recapaciten y eviten al máximo quebrantar la norma.
Dichas problemáticas no están directamente relacionadas con la perdida de la audición sino con la alteración de la tranquilidad y el bienestar social de la población, por esto, es de suma importancia que los infractores recapaciten y eviten al máximo quebrantar la norma.
El
Doctor Ferran Tolosa Cabaní, realizó una investigación de la variación de intensidad
del ruido en decibeles y valoración subjetiva de su percepción, los siguientes
son los resultados: la exposición a 30 dB es de carácter débil, -acto para
todas las personas-, a 70 dB la nombró fuerte –perniciosa para el ser humano- y
de 130 dB la consideró umbral de sensación dolorosa -puede generar serias
consecuencias auditivas en el ser humano-.
El
hogar de doña Oliva como el de muchos más ciudadanos está siendo sometido a la
degradación de su ambiente, en este caso, por la contaminación acústica proveniente
de su vecino –Taberna El Fogón-, que ha quebrado la tranquilidad repercutiendo
negativamente en su salud y la de su esposo.
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